Un fragmento: Exordio

Debemos operar con un conocimiento parcial y contentarnos provisoriamente con probabilidades; en la historia como en la ciencia y en la política impera la relatividad y todas sus fórmulas deben ser sospechosas.(WILL Y ARIEL DURANT, Las lecciones de la Historia, Buenos Aires, Sudamericana, 1974, p. 11).
Aquel sitio había recibido, desde mediados de la década de 1910 el ensañamiento de una forma de estulticia que en muchos individuos va encaminada a los móviles de procura de orden o de liberación de espacio físico.
Recién después de varias décadas, nuevas autoridades procuraron reorganizar el sector, haciéndolo un poco más accesible. No fue esa, sin dudas, una tarea modelo, merecedora de loas pero, al menos, hizo posible el acercamiento a fuentes que, entre polvillo, restos de mampostería y otros tantos factores de deterioro, moraban ocultas.
Algunos de aquellos documentos pasaron derivados al archivo histórico y otros, considerados irrelevantes, terminaron desechados.
Uno de los sectores que debieron ser removidos fue la sección de expedientes, cuyo alcance temporal estaba comprendido entre los primeros cincuenta años del siglo XX. De allí fluyeron un sinnúmero de legajos, biblioratos y paquetes, muchos de los cuales conservaban aún las costuras originales y los rótulos impresos en la época.
Por entonces, aquellos días de verano en que comenzaba el reordenamiento, me hallaba colaborando en la organización archivística de otro sector (que por su valor judicial pudo permanecer intacto), pero me propuse no mantenerme indiferente a los otros lugares de ese archivo, a pesar de que me condición de simple coadjutor no me permitiera impedir la impertinencia de quienes, “con cierta autoridad”, decidían acerca de la documentación que debía quemarse, por el sólo hecho de poseer una tonalidad amarillenta en su soporte. En el mueble, contiguo a la sección donde trabajaba, se encontraba el diezmado archivo, cada vez más empobrecido. Circunstancialmente pude hallar tres voluminosas carpetas que contenían pliegos relacionados con las tramitaciones seguidas para la instalación de una usina productora de energía eléctrica en Nueve de Julio, entre 1910 y 1913.
De esos protocolos, quizá sin suponer cuán útiles podrían resultarme con el correr del tiempo, hice las primeras anotaciones y copias. Más tarde, al compulsar otros protocolos surgieron nuevos datos acerca del origen de la energía eléctrica en esta ciudad, que permitieron completar aquellos y reformular algunas premisas e hipótesis mantenidas en torno al tema en cuestión.
Así, en el transcurso de todos estos años he denotado, con el humilde criterio del profano que se acerca a un recinto enigmático, la relevancia que contiene el estudio de los orígenes y el desarrollo de esta energía en el lugar para la comprensión de otros fenómenos sociales, políticos y económicos pretéritos.
Felizmente, ello se debe a la cercanía de esos papeles aparecidos entre otros ya derruidos, gracias a esa realidad misteriosa denominada casualidad. Como lo ha afirmado Ovidio, “casus ubique valet semper tibi perdeat hamus, quo minime credes gurgite piscis erit”.
Energía eléctrica y acrecentamiento social
Aunque la electricidad fue conocida en la antigüedad, cuando Thales de Miletus descubrió, mediante la frotación de ámbar con un paño, la atracción de ciertas partículas, sólo después de avanzado el Renacimiento surgieron los estudios, invenciones y descubrimientos que permitieron más importantes en torno a esta forma de energía. Hasta nuestros días se han desarrollado inconmensurables avances en la materia y aportes sobremanera importantes. Sin dudas, ni Tales ni Theophrastus -el filósofo griego, autor del primer tratado relacionado con la investigación científica de la electricidad- pudieron suponer las consecuencias que traería aquel fenómeno que sutilmente aparecía ante sus ojos.
Willian Gilbert, Otto von Guericke, Francois de Cisternay Du Fay, E. G. Von Kleist, Pieter Van Musschenbroeck, Joseph Priestley, Charles Agustín de Coulomb, Alejandro Volta, Luigi Galvani, Sir Humphry Davy, Michael Faraday, Francés Poisson, Hans Christian Oersted, Jean-Baptiste Biot, Felix Savart, William Sturgeon, Andre-Marie Ampere, Georg Simon Ohm, George Green, Joseph Henry, Samuel F.B. Morse, James Prescott Joule, Hermann Ludwig Ferdinand Helmholtz, Gustav Robert Kirchhoff, William Staite, Paul Jablochkoff, Lord Kelvin, Julius Plücker, Zénobe-Théophile Gramme, James Clerk Maxwell, Joseph John Thomson, Thomas Alva Edison, Heinrich Rudolf Hertz, John Henry Poynting, Nikola Tesla y George Westinghouse, permitieron al mundo moderno, a los largo de dos siglos, conocer una fuente colosal, presente desde el origen mismo. Una fuerza capaz de transformar la idea de progreso concebida hasta entonces. Si cabe la excepción, nada después del descubrimiento y el empleo de la energía eléctrica fue igual para la historia de la Humanidad. Nada después de la electricidad podría pensarse sin ella*.
En Nueve de Julio, como en resto del planeta, su presencia transformó paulatinamente la vida de la sociedad, adaptándola -quizá con lentitud- a nuevas costumbres y formas de manifestaciones productivas. Para muchos resulta innegable la gravitación que, precisamente, ha poseído la electricidad para el desarrollo de la ciudad, de los sectores que le conforma como núcleo humano. De hecho, pocas manifestaciones, o acontecimientos, acaecidos en el siglo XX no han tenido vinculación o relación con esta fuente de vanguardia.
Pero, ¿fue alto el precio que debió -en nuestra ciudad- pagarse en razón de poseer tan encumbrado beneficio?, ¿en que medida gozaron de él todas las castas de la sociedad?, ¿a quienes favoreció, en los primeros años, la generación de esta energía?, ¿en que medida, todos los actos y procederes de quienes debieron garantizar el buen funcionamiento del servicio público de electricidad fueron ordenados por la buena fe?.
Status quaestionis
No son muchos los estudios, en la historiografía de Nueve de Julio que se refieren a la historia y evolución del servicio público eléctrico, y mucho menos en orden al aporte -si así cabe llamarlo- que hubiera producido en la vida comunitaria. Realmente, es obvio, un estudio de esa índole hubiera implicado la consulta de algunas fuentes otrora vedadas a la consulta del público.
Por otro lado, la realidad posterior a 1913, la trustificación, y hasta el origen del movimiento popular para formar una futura cooperativa eléctrica local, en otro tiempo, resultaban para muchos un espinoso objeto de análisis, que invitaba a remembranzas poco gratas para los contemporáneos del denominado “problema eléctrico”. La distancia temporal colindante mantuvo vivas viejas pasiones, y no pocos escrúpulos habrían echado por tierra un mínimo intento de objetividad. En definitiva, como entendiera el erudito obispo de Meaux y preceptor del Delfín, “las acciones humanas forman el tejido de la historia”, ese “medio más adecuado de conocer cuanto pesan las pasiones y los intereses humanos, los tiempos y las circunstancias, los buenos y los malos”*.
El primero en indagar con profusión los hechos del pasado de Nueve de Julio, analizando documentos aún inexplorados y recogiendo el testimonio de los primeros pobladores, tanto de la denominada “etapa fundacional” como de las “post fundacional”, fue Buenaventura Noé Vita (1884-1954). Gracias a los estudios que inició en plena juventud logró componer una obra, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1900**, inimitable no sólo por su extensión sino, además, por las citas de fuentes hoy extinguidas.
En ese lugar, aparecen varias referencias relacionadas con la presencia de la energía eléctrica en Nueve de Julio. Como se verá a su turno, en varias ocasiones se dependerá de lo expuesto por Vita.
No obstante, sólo después de la década de 1940, a raíz de unas cuestiones que escapan a nuestro análisis, surgieron quienes se ocuparon de recoger datos sobre el servicio. En este sentido, los más importantes aportes son el Estudio Integral de la prestación del Servicio de Electricidad en Nueve de Julio, elaborado -en 1946- por Alfredo de Tommaso; y el Informe sobre condiciones generales en que se realizan los servicios de energía eléctrica en la Ciudad de 9 de Julio, presentado en marzo de 1951 por Erasmo Justo Muñoz. El primero, principalmente, en un capítulo primero, “Consideraciones Generales”, traza las tres etapas claves en la historia del problema eléctrico y efectúa “una breve reseña sobre actuaciones producidas, evolución y resultados económicos del servicio”. Hoy podemos intuir las fuentes de que depende De Tommaso para ello, y que no son otras que las que se encontraban por entonces en el archivo municipal, algunas de las cuales hoy parecen estar “perdidas”.
Si nos excediéramos del período que nos interesa, 1892-1929, encontraríamos otros buenos trabajos que analizan las condiciones en prestaba el servicio la Compañía de Electricidad del Sub Argentino, prestataria del mismo a partir de los primeros años de la década de 1930 y la lucha por quebrar el monopolio.
Sin más, el periódico “La Fe”, creado para hacer frente a los “abusos del trust” he impulsar el movimiento, es otro recurso documental valioso. En sus páginas se encuentran artículos que pueden ayudar a la comprensión de aquel particular contexto histórico.
Otro ensayo valioso, por su contribución al análisis de la evolución de la Usina Eléctrica Popular “Mariano Moreno”, hoy Cooperativa Eléctrica y de Servicios, es el de Pedro David Rinaldi: U.E.P. Memorias. Impreso alrededor de 1988, en una tirada interna muy limitada, sus 161 páginas recorren cerca de medio siglo de vida institucional; así como las primeras acciones tendientes a generar una agrupación defensora de los intereses de los abonados, cuando aún operaba la Compañía Anglo Argentina de Electricidad como prestataria.
Respecto de las fuentes, debe admitirse que las mismas no son del todo abundantes. Tristemente, la circunstancia que hemos relatado antes, sobre la “depuración” del archivo ya citado, se ha manifestado también en otras entidades encargados de la custodia del patrimonio histórico
Por último, estos apuntes no son más que un preludio, el escueto acercamiento inicial a un tema amplio y complejo. La invitación, tal vez, a futuros estudios que puedan ampliar las escasas reflexiones volcada en estas páginas.
* Para algunos autores, “la electricidad, por ser un producto derivado, comienza su auge cuando el carbón, el petróleo y el gas le sirven de materia prima”. Concretamente, según Henry Peyret, “la electricidad adquirió impulso después de la primera guerra mundial, que elevó su producción de 184.000 millones de Kwh a 310.000 millones en 1928...” Cfr. JOSÉ CAFFASSO-ENRIQUE RECCHI, Economía energética argentina (Los esclavos mecánicos), Buenos Aires, Don Bosco, 1976, p. 105.
* BOSSUET, Discurso sobre la Historia Universal, Paris, Garnier Hermanos, s.f., p. 1.
** La primera parte de ese trabajo, cuyo alcance está comprendido entre 1863 y 1870, fue publicado en 1938 por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, por tratarse de una obra premiada en el “Primer Concurso de Monografías sobre la Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires”, realizado dos años antes. El resto de este encomiable trabajo, salvo algunos capítulos, aún permanece inédito. Una segunda parte, por así llamarla, fue elegida entre varias presentadas, hacia 1947, al “Segundo Concurso de Monografías”, organizado por el mencionado Archivo Histórico, donde se conserva el original del mismo.
FOTO: Uno de los generadores instalados en la usina construída en 9 de Julio, entre 1912 y 1913.
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